“Me siento mal cuando mi padre me reta”

Cuantas cosas pasan hoy en día por la cabeza de un niño cuando llega a jugar al fútbol.

“Me siento mal a veces cuando mi padre me reta después del partido. Me dice que no he jugado muy bien, que así nunca voy a ser profesional, que si erro en los pases es porque me falta concentración. Y mi madre le apoya. Dice que juego como si no me importara ganar. También me echan en cara que se gasten dinero en mí y que me dedican muchas horas llevándome y recogiéndome del fútbol. A mí me gusta jugar al fútbol, me gusta aprender cosas nuevas, dar un pase de gol, estar con amigos, ganar, pero tampoco me importa mucho perder. Pero últimamente ya no disfruto, vengo a jugar los fines de semana nervioso, pensando que si no le gusto a mi padre, lo oiré gritar desde la tribuna, me dirá que me mueva, que marque y muchas veces me pide lo inverso a lo que me pide el entrenador, a veces me siento tan nervioso que no sé ni por dónde va la pelota y hasta me e sentido feliz de estar en los suplentes. Si vale la pena seguir viniendo cuando ya no disfruto. Pero si decido no jugar más, también les voy a decepcionar”. DSCN3152

Son muchos los padres y madres que acompañan a sus hijos a los partidos, competiciones y entrenamientos. Se sientan en la tribuna, observan, les dan directrices y se involucran en el deporte de sus hijos como si ellos fueran los que dirigen. También se involucran en la competencia no importando más nada que no sea el triunfo.

Son pocos los que están a pesar de que su hijo este sentado en el banco todo el juego, son pocos los que alientan sin importar el resultado, los entrenadores presionados por un grupo de padres que solo quieren ver triunfos y más triunfos terminan dejando de lados las bases principales y los valores esenciales del baby fútbol.

Los clubes empobrecidos cada día, con escases de ingresos recurren a los padres para sobrellevar los costos de una categoría, esto hace que el papa ya se sienta con el derecho de modificar el entrenador si asi lo sienten, de modificar una directiva dentro de su club si así lo requieren, los clubes no tienen respuestas ante todo esto ya que no tienen una gran capacidad de gente en sus directivas para abarcar todas las áreas.

El niño o adolescente dentro del fútbol van perdiendo valores, de competencia, de respeto al compañero, al entrenador, a sus rivales y con tan corta edad son capaces de discutir un fallo arbitral como grandes conocedores de las reglas de juego.

1.Sin dudas todavía queda una parte que sigue inculcando e intentando no perder estos valores, tenemos el padre que Anima, refuerza, se preocupa por cómo han ido los partidos. Le transmite entusiasmo sin presión. Felicita al chico por el mero hecho de jugar y entrenar.

El padre involucrado. Le gusta participar en las decisiones y propuestas del club. Se interesa por la formación de los chavales o porque el centro obtenga ingresos. Este tipo de padres son activos en la divulgación de valores en el club y participan con cualquier acción que pueda mejorarlo.

El padre que resta en todos los sentidos. Da gritos desde la tribuna, desacredita al entrenador, le dice a su hijo que no entiende por qué él no juega cuando sus compañeros son peores que él, se comporta de forma grosera con el rival, insulta al árbitro y otras impertinencias más. Es el padre del que cualquier hijo se sentiría avergonzado.

Los motivos por los que los padres pierden los papeles son diversos. Muchos esperan que sus hijos les saquen de pobres convirtiéndose en Messi o Cristianos. Otros desean que su hijo gane todo porque sus victorias son sus propios éxitos, es la manera de sentirse orgullosos del chico y presumir de él delante de sus amigos y en el trabajo. Otros proyectan la vida que ellos no pudieron tener. Otros no tienen ningún autocontrol. No lo tienen en el partido de sus hijos, ni cuando conducen, ni cuando se dirigen a las personas. Y por últimos están los que cruzan los límites sencillamente porque no tiene consecuencias, en la era de hoy día toman una red social y se juegan un partido sin medir consecuencias, Saben que está mal, pero su mala educación o ausencia de valores les hace comportarse como personas poco cívicas y desconsideradas.

VerguenzaAjenaPadre_05El valor está en hacer deporte, porque es una conducta saludable, pero sobre todo en ser capaces de divertirse y relacionarse con los amigos. Lo demás no importa. Si no le presiona para que se supere con la consola de videojuegos, ¿por qué lo hace cuando va a los partidos? En el momento en el que la palabra jugar pierde valor –“jugar al baloncesto”, “jugar al fútbol”, “jugar al tenis”–, su hijo dejará de disfrutar y no querrá seguir yendo.

Si es padre o madre, recuerde, por favor, que es un modelo de conducta para su hijo y para sus compañeros de equipo. A los hijos les gusta sentirse orgullosos de sus padres y, en cambio, lo pasan terriblemente mal cuando se les avergüenza. Ser modelo de conducta conlleva mucha responsabilidad, porque sus hijos copian lo que ven en usted. Y su forma de comportarse debe ser la ejemplar para que facilite el aprendizaje de una serie de valores que acompañan al deporte.

La felicidad de los niños está por encima de todo. Siéntase siempre satisfecho con lo que haga, gane, pierda o cometa errores. Felicítele por participar más que por competir. Y recuerde que su hijo hace deporte para divertirse él, no para que lo haga usted.

Fotos ilustrativas google.

 

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